Seis meses de cuarentena: hagamos fuerza para que gane el bien

Por Dardo LamberttOESTE BAHemos alcanzado los 6 meses de cuarentena, medio año de convivencia con el coronavirus con una pandemia global que fue ganando nuestras vidas, nuestra cotidianidad al punto de ganarlo casi todo y hoy en la agenda pública es difícil encontrar elementos de análisis que no tengan algún…

Por Dardo Lambertt
OESTE BA
Hemos alcanzado los 6 meses de cuarentena, medio año de convivencia con el coronavirus con una pandemia global que fue ganando nuestras vidas, nuestra cotidianidad al punto de ganarlo casi todo y hoy en la agenda pública es difícil encontrar elementos de análisis que no tengan algún grado de relación con este virus.
Con el diario del lunes es fácil decir que la cuarentena se hizo larga. Obedece a un análisis malicioso de aquellos que buscan siempre estar en contra de todo, los mismos que nos quieren desalentar diciendo que somos un país inviable o una sociedad incorregible. Lo cierto es que todas las respuestas que hemos ido dando a lo largo de este tiempo fueron también aprendizajes, nos fuimos haciendo en el hacer con la pandemia, tanto las autoridades como nosotros mismos en nuestras vidas, en el día a día.
Se trata de una pandemia inédita sobre la que no se tenía una guía de instrucciones ni un manual para seguir. Lo que sí debemos estar seguros es que nadie quiere que la gente se muera. Para evitarlo todos tenemos, seguramente, recetas que creemos más valederas que otras, pero en esto nadie tiene la verdad absoluta.
Pero en estos meses pasamos del confinamiento absoluto a la apertura gradual, hasta el pedido ahora de apertura total apelando a la responsabilidad individual, un camino que parece asomar en poco tiempo entendiendo que el final de esta pesadilla no está a la vuelta de la esquina.
En un país con serios problemas estructurales en el ámbito productivo y laboral, con desigualdades abismales, pobreza y marginalidad; empleo informal y economía paralela en blanco y en negro, estaba claro que la pandemia sería la frutilla del postre de un cóctel que nos encuentra 6 meses después con decenas de marchas y reclamos sectoriales en la puja distributiva que siempre estuvo atrasada y ahora se profundiza por la pandemia y la parálisis en la actividad económica.
En estos 6 meses en los que pasamos el otoño y el invierno, vimos aflorar lo mejor: el voluntariado y la solidaridad a flor de piel, con cientos de vecinos en las calles alentando la ayuda para que nadie se quede afuera. Vimos cerrar nuestras ciudades, casi blindadas y también vimos a muchos saltar los montículos de tierra para ingresar escondidos.
Vimos comercios cerrados con enormes dificultades para pagar alquiler y sueldos, y otros abiertos duplicando precios de productos escasos.
Vimos muchos políticos de todos los colores tratando de ayudar y ser empáticos, y otros de todos los colores, sacando ventajas y cavando en la grieta.
Pasamos de aplaudir a los médicos en la calle, a ver el aplauso de los enfermeros en la calle para que les aumenten el sueldo.
En 6 meses que quedarán en la historia de cada uno de nosotros, el humor pendular de la sociedad se manifiesta todos los días con distintos matices. Lo que parece alfombrar el camino es la incertidumbre, la idea de no saber cuándo ni cómo terminará la pandemia ni de qué manera llegaremos como sociedad al final.
Cuando todo esto pase, cuando el coronavirus sea un capítulo de la historia, habremos parido a una nueva sociedad. Ahí evaluaremos de qué lado del péndulo nos quedamos. Todos queremos que sea en la orilla de los vecinos solidarios, empáticos y unidos, como lo hemos sido en parte de este semestre. Hagamos fuerza para que gane el bien.

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