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Estación Pehuelches lucha contra el olvido

 

El Paraje es la ruina, la desolación y la apatía. Es lo que no fue. Un lugar destinado a quedarse con la historia grande del noroeste bonaerense pero reducido hoy a un entorno herrumbroso y oxidado, habitante de una atmósfera lúgubre. Detenido en el tiempo como expectante de recuperar el esplendor perdido pero que no volverá. Más aún, sobre este sitio sobrevuelan más misterios que certezas, más preguntas que respuestas.

Por qué se llama Estación Pehuelches. Esa es una de las preguntas más difíciles de responder, y la respuesta tampoco la ofreceremos en estas líneas. El libro “Huellas”, la ubica como parte del distrito de Trenque Lauquen, pero sin embargo es Tres Lomas, se encuentra ubicada en la frontera distrital, una característica más de sus particularidades enigmáticas.

Todo este pasado sólo es posible reconstruirlo por la presencia de una escuela, la Nro. 6 que inexplicablemente ha sido testigo del pálido devenir de ese lugar pero aún está de pie, de puertas abiertas y enseñando a los chicos de la zona rural. Aquí también hay una historia grande, una que merece ser contada, la de Hugo Medrano, un detenido desaparecido de la última dictadura militar que fue alumno de esa escuela. En el libro “Cañón Krupp”, le dedican un capítulo a Medrano “Charcas, arenas movedizas y trampas escondidas” y mencionan su infancia en ese paraje. Un pañuelo blanco en el piso del patio del establecimiento, lo recuerda.

La directora de esa escuela es Felicitas Cuestas. Atiende el llamado de este medio y abre las puertas de su casa para hablar de lo que sabe de la historia y del presente.

Una escuela

A Felicitas le gustan las empresas difíciles. Cuando asumió en la escuela en 2012 hacía un año que estaba cerrada por no tener alumnos. “Trabajamos mucho desde el primer día con alumnos y la  comunidad educativa porque cuando se cerró la escuela todo el mundo sufrió mucho y entonces con la reapertura hay mucha colaboración”.

El 2017 fue uno de los peores años, dice, porque las inundaciones pusieron en jaque los caminos y no se podía llegar, pero esta escuela que sabe de sobreponerse a todo no cerró. Se accedía por dentro de los campos, se buscaban atajos pero las clases nunca se interrumpieron. “El poder seguir educando en medio del agua fue lo más difícil que nos tocó vivir”.

Pero vamos a la historia. “Nosotros lo que sabemos es que al menos en el distrito de Tres Lomas no hay nada escrito sobre su historia” de la estación Pehuelches. En la escuela, decidieron trabajar sobre el origen del lugar y sobre cómo surgió la palabra “estuvimos en el museo de Trenque Laquen donde tampoco hay información sobre por qué se llama Pehuelches y no Pehuenches que es tierra de pinos, que esta zona está cubierta de pinos”.

Ahí también descubrieron “que fueron plantados más tarde por un estanciero para evitar que los médanos volaran”. La estación, se creó como lo hacían los ingleses a 10 kilómetros de la última, es decir la de Trenque Lauquen, y después construyeron la de 3 Lomas.

“En Pehuelches hubo una estafeta postal, un almacén de ramos generales, una comisaría y una escuela y un lugar que nos dijeron que fue muy pujante”. A diferencia de Tres Lomas, “Pehuelches estaba rodeado de estancias, mientras que en Tres Lomas, José María Blanco hizo parcelas pequeñas que fue vendiendo a los que llegaban en el FFCC y favoreció la radicación. Entonces lo que se pensó como un gran pueblo, en realidad no tuvo desarrollo”.

Libro Huellas

Pero volvamos al libro Huellas, que menciona su origen: “Las tierras sobre las que nacería esta Colonia fueron rematadas el 31 de enero de 1904 en el hotel Simón de Trenque Lauquen; se formaron 90 chacras sobre 5000 hectáreas y el diario El Independiente publicaba este remate con fecha 9 de enero de ese año. El mismo diario en 1905 decía la ‘colonización en la estación Pehuelches vecina de nuestro pueblo progresa asombrosamente en estos últimos meses lo que augura un brillante porvenir a aquel pueblo que surge con la halagüeña perspectiva de un futuro no lejano de amplia prosperidad´”, está claro que el pronóstico de desarrollo no fue acertado.

El libro menciona que en torno a “la estación Pehuelches del Ferrocarril se fue conformando un incipiente poblado como centro neurálgico no fue otro que el almacén de Ramos generales El Soriano de Fermín Romero entre 1920 y 1936 desde el almacén que todo lo tenía también se auxiliaba a los viajeros”.

Es difícil imaginar hoy ante tanta desolación que ése haya sido un lugar de comunidad, de relación entre vecinos y sueños compartidos. “Y no faltó en la Colonia Pehuelches el club se llamó Pehuelches Oeste Fútbol Club y fue famoso por sus bailes que reunían a la familia una amplia zona de influencia” señala el libro Huellas.

“Se desarmaron los galpones del FFCC y las construcciones, hoy sólo queda la estación del FFCC que hay un señor encargado de mantenerla y la escuela que la quiere toda la comunidad pero de las posibilidades de un pueblo no tenemos demasiado” dice Felicitas.

El edificio de la Estación está a cargo de un vecino dedicado a la cría de animales y con alguna actividad agropecuaria. No hace mucho que está, su antecesor también tenía una historia típica de Pehuelches. Cuenta Nazareno, un empleado rural de la zona, que ese hombre le concedió una entrevista al diario La Opinión en la que contó que de joven había dado en adopción una hija que nunca más había visto. Esa nota fue leída por su hija que vivía en otra ciudad de la región y se contactaron luego de varios años. Una parábola casi de una novela oscura, típica de un lugar que lucha contra el olvido y escribe todos los días su propio epílogo.

Medrano, presente

El libro Cañón Krupp que relata la huella de la dictadura en Tres Lomas dedica un capítulo a la vida de Hugo Medrano víctima del terrorismo de Estado, detenido desaparecido. Medrano fue a la Escuela de Pehuelches.

“La familia de Hugo niño vivía en la calle ancha que va a Pellegrini allí pasaron su niñez; él y su hermana Marta concurrían a la escuela número 6 de Pehuelches cuando su directora era Elena Ferreyra y cuando el medio de transporte que los acercaba era un zulky de ruedas de madera y luego por un percance que le provocó una lastimadura fueron cambiadas por ruedas de goma. La escuela está ubicada frente a la estación ferroviaria y a pocos metros se levantaba el boliche Padula donde se realizaban algunas compras de encargue de último momento ya que el grueso se compraba en Tres Lomas, a ambos le gustaba el boliche, se charlaba con las hijas del almacenero y se compraban los infaltables caramelos que acompañaban el viaje de regreso tracción a sangre y por huellas no siempre transitables”, señala el libro.