«Empecé a jugar al hockey cuando tenía casi cinco años. Desde entonces mi corazón es azul y blanco», dice Candelaria para dejar en claro su pertenencia. Toda su niñez y adolescencia transcurrieron en el FBCA. Su hermano, Juan Manuel, también creció en ese mismo mundo y comparten esa certeza: el club no es un lugar al que se va, es un lugar en el que se es.
Los dos se instalaron en Buenos Aires con años de diferencia para cursar sus estudios universitarios, y un día llegó el momento de volver.
Juan Manuel que es Terapista Ocupacional fue el primero en decidirlo. «Ya llevaba diez años allá y ya no me encontraba con la estructura de Capital», cuenta. Candelaria tardó un poco más en convencerse, pero el año le fue alcanzando para hacerlo. Ella sí tiene formación gastronómica —aunque aclara rápido que no es chef—. Se fue a estudiar kinesiología, «hice el CBC y dije, esto no es lo mío», y derivó hacia la organización de eventos y la gestión de proyectos gastronómicos. Durante cuatro años trabajó en un catering que gestionaba tres cafeterías y dos clubes, con presencia en Pilar y en el Hipódromo Argentino, donde se brindaban eventos de hasta 500 personas y ferias de diez mil. Después llegó un salón en Puerto Madero con capacidad para mil cubiertos. «Me dio experiencia de mucha más estructura, pero no era lo mío», explica. Y la balanza terminó inclinándose hacia el sur.
Llegaron a Trenque Lauquen el 23 de diciembre, sin un plan definido. «Vinimos sin saber mucho, sin ver qué íbamos a hacer», reconocen.
Lo que vino después tiene algo de fábula familiar. Un jueves surgió la idea. El sábado se reunieron con la comisión directiva del FBCA. El domingo les dieron la llave y empezaron a limpiar. El proyecto se llama Casa Club y ocupará el espacio de la confitería del tenis.
La idea nació de una experiencia concreta: Juan Manuel jugó cuatro años en el Liceo Naval porteño y conoció de cerca lo que significa el club en Buenos Aires, ese espacio verde que la gente usa como válvula de escape urbana. «Quería traer un poco esa identidad de club que se vive en Buenos Aires a nuestro club acá», dice. Lo que faltaba en el FBCA, a su criterio, era un lugar de encuentro: un espacio donde charlar antes del partido, compartir después del entrenamiento, unir las distintas disciplinas bajo un mismo techo informal.
Casa Club abrirá como café-restaurante, con servicio desde media mañana, almuerzos, y proyección de apertura nocturna. También planean ofrecer viandas para los chicos del colegio secundario cercano, que durante el mediodía no tienen dónde quedarse a almorzar. «La idea es que todo el mundo esté con las puertas abiertas», dice Candelaria. Y subrayan que no es exclusivo para socios del FBCA: «Está abierto a toda la comunidad de Trenque Lauquen».
En cocina los acompañará Gonzalo Sotosantto, un chef que además jugó en el club, junto a un colega llegado desde Buenos Aires. El exterior estará a cargo del paisajista Tommy Díaz, quien también se ocupará de la cartelería y la iluminación.
Las obras se extendieron más de lo previsto, admiten, porque hubo que cambiar cañerías, renovar la cocina, etc. por eso no quieren dar fechas de aperturas aunque sería para la Semana Santa.
EL CLUB QUE CRECIÓ
Candelaria, que hacía tiempo no pasaba tantas horas en el FBCA, se sorprendió al reencontrarse con la institución. «Es impresionante cómo creció», dice. La inauguración reciente de la cancha de básquet y vóley con techo nuevo, el movimiento permanente de chicos y chicas yendo al hockey, al rugby, al fútbol, al básquet. Y el FBCA como lo de siempre: pionero. Fue el primer club de la zona en tener hockey, el primero en tener cancha de sintético, en 2013, y el único en Trenque Lauquen con hockey masculino. Juan Manuel sigue jugando en ese equipo. Los dos debutaron el fin de semana pasado, volvieron a ponerse la camiseta azul y blanca.
Cuando le preguntan por qué se emocionó tanto en el video institucional que presentó el club Juan Manuel lo dice sin vueltas: «Somos una familia muy unida, que nos gusta trabajar juntos. Tenemos una estructura que parecemos una secta, decimos nosotros, porque todos vamos para todos lados juntos”. Vivieron diez años en Buenos Aires, los últimos dos solos, y eso los hizo aún más compinches. El proyecto de Casa Club es también eso: una manera de seguir juntos, pero en casa.
Dos hermanos con identidad de club: volvieron para emprender juntos
Candelaria y Juan Manuel Giacobbe crecieron entre canchas de hockey y tardes de sol en el Foot Ball Club Argentino. Se fueron, como tantos jóvenes de Trenque Lauquen, a buscar su camino en Buenos Aires. Ahora están de vuelta, y traen consigo sueños y proyectos.

Otras noticias







