Manu Feito: el artista que le pone identidad a los pilotos

Lo que empezó como una forma de despegar del trabajo diario terminó llevándolo hasta el museo de Fangio, la casa de Martín Palermo y un regalo para Colapinto.

Manu Feito descubrió una pasión inesperada: pintar cascos de automovilismo. Lo que empezó como una forma de despegar del trabajo diario terminó llevándolo hasta el museo de Fangio, la casa de Martín Palermo y un regalo para Colapinto.
Hay oficios que no se buscan, se encuentran. A Manu Feito le pasó eso. Mientras trabajaba en la empresa familiar, empezó a pintar cascos por simple gusto personal, sin pensar que ese hobby se convertiría en un emprendimiento propio. «Arranqué a pintar cascos porque me gusta, siempre me gustó pintar», cuenta. Y agrega, casi sorprendido de su propio camino: «La verdad que no sé si lo busqué, pero fue muy raro cómo se dio de caer en el automovilismo», cuenta durante una entrevista con FM TIEMPO 91.5.
El boca en boca hizo el resto. Pronto empezaron a llamarlo corredores de distintas categorías, y las redes sociales —sobre todo Instagram— se transformaron en la vidriera y el motor de ese emprendimiento paralelo. «Yo estoy haciendo trabajos para todos lados y sin las redes no tendría forma de llegar», explica.
UN SOÑADOR, NO UN ARTISTA
Cuando se le pregunta si se considera un artista, Feito no duda en correrse de la etiqueta. «Un soñador», responde. Para él, lo que cambia entre un pintor de caballete y su trabajo es la superficie: mientras unos eligen un lienzo, él decidió meterse con algo mucho menos convencional. Encontrar esa superficie extraña —el casco— fue, según cuenta, una forma de conectar con su propia historia: la del trabajo familiar ligado a los autos y la pasión por pintar que llevaba adentro desde chico, aunque nunca la había pensado como un oficio.
Con el tiempo entendió que el casco es mucho más que una protección. «El casco es lo que les da a los pilotos la identidad», asegura, y lo compara con el escudo de un gladiador. Cuando un piloto se calza el casco pintado con su nombre y sus colores, dice Feito, «se pueden sentir Senna, Schumacher, Colapinto».
FANGIO Y COLAPINTO
Uno de los capítulos que más lo emociona es su vínculo con el Museo Fangio, en Balcarce, donde expone varias de sus réplicas de cascos históricos de Fórmula 1, entre ellas la del casco de Ayrton Senna de 1994. «Yo quise hacer un regalo para el museo», cuenta, y describe el vínculo que generó con la gente del lugar en términos casi familiares: «Me abrazaron en el sentido metafórico. Porque tengo un vínculo con ellos increíble».
Otro momento que marcó su carrera fue el casco que pintó como homenaje a Franco Colapinto. El proyecto llegó a buen puerto gracias a un contacto conseguido, otra vez, a través de Instagram, y terminó con la firma y dedicatoria de Martín Palermo sobre el casco. El padre del piloto pasó una tarde entera en la casa de Feito aquí en Trenque Lauquen revela por primera vez. «Estuvo como tres horas tomando mate, estuvo conmigo, con mi señora, con mis hijos, y la verdad que fue una cosa, para mí fue sorprendente», recuerda.
Sobre Colapinto, Feito no esconde la admiración: «Lleva la bandera argentina para todos lados (…) y él es espontáneo, es un tipo cariñoso». Y agrega una reflexión sobre lo que significa para el país tener un piloto propio en la máxima categoría: «Después de todos estos acontecimientos que han pasado, cuando Argentina gana, todo eso genera una revolución en el país».
INVESTIGACIÓN, SÍMBOLOS Y ALGO DE PRESIÓN
Cada casco, cuenta Feito, arranca con un trabajo casi de investigación: fechas, símbolos familiares, gustos personales de cada piloto. «Trato de buscar información que a ellos los marcó (…) esa información te sirve para que vos puedas armar el diseño ya llevándolo más para el lado de él», explica. Reconoce, también, que la devolución del cliente le genera una tensión particular, porque no pinta simplemente para entregar un producto: «No lo pinto para entregárselo, cobrarlo y listo, lo pinto para que me diga era lo que quería».
Entre sus trabajos más recordados está también el casco que armó junto al caricaturista Naki para el piloto Facundo Arduzzo, ambientado en la Selección campeona del mundo, con las firmas de Lionel Messi, el Dibu Martínez, Marcos Acuña, Nicolás Otamendi y Julián Álvarez, entre otros. Un proyecto de más de un año de trabajo hasta lograr reunir todas las rúbricas.
SOLIDARIDAD Y NUEVOS RUMBOS
Feito también destinó varios de sus cascos a causas solidarias, y se sumó a eventos benéficos como los de la fundación Pequeños Pasos. «Si yo quiero ayudar a alguien puedo hacer algo, pero si nos juntamos un montón que queremos ayudar vamos a hacer algo mucho mejor», resume su filosofía.
Su último trabajo lo llevó más allá del automovilismo: un casco pensado como regalo para Horacio Marín, presidente de YPF, que le pidieron. «Están abriéndose puertas que está bueno, donde te da llegada a otro tipo de personajes que pueden ser muy interesantes», reflexiona sobre este nuevo rumbo que empieza a tomar su emprendimiento.
Entre pinceles, redes sociales y mate compartido, Manu Feito construyó algo más que un negocio: un lenguaje propio para contar, casco por casco, quiénes son las personas que hay detrás de cada personaje que corre a altas velocidades.

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