Nora Folco, la vecina que le puso el cuerpo a todos los deportes

Portera de escuela, pochoclera, hija de panaderos y heladeros, expresidenta de Las Guasquitas y jugadora de fútbol, vóley, hockey, pádel y Newcom a los 52 años: la historia de una mujer que entendió que la alegría también se entrena.

Hay vecinos que se hacen conocidos por un cargo, un comercio o un apellido. Nora Folco los junta a todos. Para las generaciones más grandes del pueblo es «la de la heladería El Monito» o «la de la panadería de Brown y Orellana», el negocio familiar que su padre abrió hace más de 45 años y que hoy sigue en pie, atendido por una de sus hermanas. Para los más jóvenes, en cambio, es la portera de la secundaria, la misma que antes cuidó el jardín y que hoy, con humor, cuenta que ex alumnos la paran por la calle para recordarle «la merienda que les hacía». Y para todo Trenque Lauquen, sin distinción de edad, es la mitad del carrito de pochoclo que ella y su marido, Pedro, sostienen desde hace 25 años.
Pero si hay un hilo que atraviesa toda su historia, ese hilo se llama Las Guasquitas. «Es muy difícil hablar del club colono y no mencionar a los Folco», dice ella, y no exagera: fue su padre, Alfredo Luján Folco «el Mono», quien llegó al club de la mano de unos amigos y se quedó para siempre atajando en el arco. Panadero de oficio, repartía pan por todo el pueblo y era, según recuerda su hija, una persona querida y respetada allí donde iba. Ese arquero de barrio terminó fundando, sin saberlo, una tradición familiar que ya lleva más de 50 años.
Nora creció, literalmente, adentro de esa historia. Hincha de Argentino por un tío cuando era chiquita, tuvo que «hacerse obligadamente» de Las Guasquitas apenas empezó a acompañar a sus padres a la cancha todos los domingos, sin opción, como se estilaba antes. Hay una anécdota que resume aquella época mejor que cualquier otra: un domingo, con apenas seis años, sus padres se fueron tan entusiasmados al partido que se olvidaron de ella. Nora se quedó sola en la casa de la calle Pellegrini, se puso a cocinar en un vaso de plástico por hambre y terminó quemándolo. «Era tanta la enfermedad por el club que se olvidaron de mí», cuenta hoy, entre risas durante una entrevista con FM TIEMPO 91.5.
Ese amor incondicional no fue solo de hinchada. Con el tiempo, Nora asumió también un rol institucional: le tocó ser presidenta del club. «Traté de hacerlo lo mejor posible», resume con la modestia de quien prefiere hablar de resultados antes que de méritos propios. Bajo su gestión, dice, el club mantuvo su identidad familiar y sostuvo el fútbol, la única disciplina que tenía en aquel momento. Hoy sueña con algo más grande: que el club crezca hacia otros deportes —vóley, hockey— y no dependa de una sola actividad, aunque reconoce que no siempre es fácil.
La posta, de todos modos, ya está en marcha: uno de sus seis hijos juega hoy en primera división del club de sus amores, y su marido colabora activamente con la institución. Tres generaciones, un mismo club, la misma pasión.
UNA AGENDA QUE NO PARA
Preguntarle a Nora Folco qué deportes practica es, en realidad, preguntarle cuáles no. Jugó al fútbol como defensora y arquera, y todavía recuerda con orgullo haber sido parte del primer equipo campeón cuando arrancó el fútbol femenino en Trenque Lauquen. Juega al vóley los martes y jueves en el polideportivo municipal, «más recreativo», dice, aunque no por eso menos competitivo. Entrena Newcom con un equipo de simuladores que compite en la liga local y que este año se consagró campeón de la Copa de Oro, la máxima categoría. Juega al pádel cuando la agenda se lo permite. Y hace poco más de un mes viajó hasta Santa Rosa, La Pampa, para atajar en hockey para un equipo en el que está federada, después de años sin jugar. «Me hicieron seis goles en dos partidos, pero las chicas quedaron contentas conmigo», cuenta, todavía sorprendida de que el cuerpo, como le dijo una compañera, efectivamente tenga memoria.
Tiene 52 años, bajó 20 kilos a base de entrenamiento y de resignar harinas y dulces, y no oculta que compite para ganar: «Me gusta competir. No quiero entrenar para ir a jugar por jugar, quiero entrenar para estar en un equipo». Ese espíritu también la metió, más de una vez, en discusiones futboleras con Pedro, su compañero de equipo mixto en Newcom, a quien alguna vez «mandó a freír churros» en medio de un partido. Anécdotas que hoy cuenta entre risas, como quien sabe que esas broncas de cancha también son, a su manera, una forma de amor por el juego.
DISFRUTAR CADA MOMENTO
Entre la panadería familiar, el carrito de pochoclos que hoy está en plena mudanza, la portería de la escuela, la actividad gremial en ATE, seis hijos y seis nietos —dos ya independizados, en La Plata y Buenos Aires—, Nora Folco reconoce que la agenda no le sobra. Aun así, elige llenarla de deporte. «Quiero disfrutar de la vida, quiero hacer lo que tengo ganas de hacer», dice, consciente de que su marido a veces protesta porque ella «no para», aunque termine sumándose a cada nueva actividad que ella propone.
Es ese optimismo para tomarse la vida, sin negar las amarguras propias que uno se agarra en el día a día, es lo que la comunidad parece reconocerle. No solo por su historia familiar ni por su trayectoria deportiva, sino por algo más simple: la manera en que encara cada domingo, cada partido, cada cliente que se acerca al carrito de pochoclos y cada chico que la saluda por la calle todavía llamándola «la portera».
«Hoy estamos y mañana no. Hay que disfrutar cada momento de la vida», resume Nora Folco, con la misma sencillez con la que, generación tras generación, su familia entera se hizo un lugar en el corazón del pueblo.

Otras noticias

feito
Pampero
famyl
Madesur