La vida de Fernanda tiene tantos episodios que se hace difícil encontrarle un punto de inicio de para escribirla y mucho menos fácil es evitar emocionarse al escuchar su relato. Fernanda Clara pesaba 115 kilos cuando decidió empezar a correr. Antes había atravesado un cáncer de mama en estadío avanzado, una mastectomía y una depresión que no supo ver a tiempo y la encerró en su casa. Hoy entrena todos los días, ya corrió dos medias maratones y se prepara para su primer 42K en septiembre.
Fernanda Clara llegó a Trenque Lauquen en diciembre de 2013, procedente de Laboulaye, Córdoba, y hoy se siente parte del pueblo. Trabajó como administrativa y, junto a su pareja y compañero de ruta Juan, abrió un comercio propio en la calle Simini. Pero su historia trascendió el barrio cuando decidió compartir, sin filtros, el camino que la llevó de un diagnóstico de cáncer a cruzar la meta de una carrera de montaña con 115 kilos encima.
CUANDO LA VIDA CAMBIA EN UN MINUTO
A los 32 años, Fernanda recibió la noticia que le cambió la vida: cáncer de mama con metástasis avanzada en los ganglios linfáticos, estadio 3.
«Mirás el papel y decís: tenés metástasis avanzada en ganglios linfáticos, estadio número 3. Y lo primero que pensás es: quiero vivir», recuerda durante una entrevista con FM TIEMPO 91.5 en la que durante 20 minutos relató su historia de vida, estremecedora, emotiva pero con final feliz que muestra lo que es la resiliencia.
El shock inicial fue devastador. Durante una semana no pudo dejar de llorar, angustiada por la idea de dejar solo a Juan, su compañero de vida, ya que ambos están lejos de sus familias de origen (ella de Laboulaye, él de Rufino). Ahí llegó la ayuda de GENAP, donde conoció a la psicóloga Mercedes, cuyas palabras todavía recuerda con precisión.
«Me dijo: ‘Fer, hoy ya nadie se muere de cáncer, la ciencia avanzó muchísimo. Tenés que vivir tu día el 90% como si no estuvieras enferma, y el otro 10% ocupate de la enfermedad'», relata Fernanda sobre el consejo que le «cambió el chip».
Con esa nueva mirada atravesó las quimioterapias sin resignar su rutina: salía de las sesiones de cinco horas y volvía caminando hasta su negocio. «Esto es un resfriado y lo voy a tratar como un resfriado. No me va a ganar», se repetía.
UNA BATALLA TRAS OTRA
Superar el cáncer no significó el final del recorrido. Tras la mastectomía y la extirpación de 19 ganglios, Fernanda atravesó lo que ella misma define como una “mutilación”. Ahí apareció una depresión que tardó en reconocer, agravada por el aislamiento de la pandemia, que además postergó la cirugía de reconstrucción mamaria prevista para 2020.
«Tenía voluntad porque salía de la cama, pero estaba rota por dentro. Comía, comía y comía porque quería tapar ese agujero, esa falta de mi mama. Me tenía que volver grande para que no se note», cuenta sobre el origen de una obesidad que la llevó a pesar 115 kilos. “No entendía por qué me había salvado del cáncer y me quería morir de otra cosa…”.
Fue su psiquiatra, Pedro Reyes, quien la ayudó a buscar una alternativa a la comida como refugio. La respuesta llegó de una forma inesperada: verse correr.
Fernanda empezó caminando y trotando de a 200 metros. Una amiga, Andrea Laconich, la conectó con Sebastián Soria, entrenador radicado en Mar del Plata, a 600 kilómetros de Trenque Lauquen, con quien arrancó un plan de entrenamiento a distancia.
¿Por qué eligió un profe a distancia y entrenar sola? «Es más fácil romper un átomo que un prejuicio», dice, en referencia a las miradas y prejuicios que prefería evitar en aquel entonces.
Al mes de haber comenzado a entrenar, en octubre de 2023, debutó en una carrera de montaña de 10 kilómetros. Contra los pronósticos —y contra quienes en plena competencia le sugirieron abandonar—, completó el circuito en tres horas y media.
«El de la organización me decía ‘bajate, no vas a llegar’. Y yo le dije: firmé un deslinde, voy a llegar, despacito, pero voy a llegar», recuerda entre risas, y llegó desafiando todos los límites posibles, sobre todo el umbral de su propia cabeza.
HOY VA POR LOS 42K
Menos de dos años después de aquel debut, Fernanda ya corrió su segunda media maratón en Buenos Aires, con un tiempo de 1 hora 51 minutos, ubicándose en el décimo puesto entre las trenquelauquenses en una prueba de 30.000 corredores. Su meta ahora es el maratón completo: 42 kilómetros el próximo 20 de septiembre, una distancia en la que ya la acompaña Juan, que también abrazó el running.
«EL DEPORTE CURA»
Fernanda destaca a todos los que hacen deporte de una u otra manera y a los que se acercan de a poco a la actividad y la importancia que tiene en nuestros días.
«Vivimos muy a la vorágine, muy ansiosos. Creo que el deporte, no solo correr, sino estar en movimiento, nos va a llevar a una mejor longevidad, de cabeza y de cuerpo», sostiene.
Para quienes atraviesan una enfermedad o un problema de salud mental, Fernanda tiene un mensaje que repite como mantra: «No te des por vencido. Creé en vos y vos vas a poder. Mi frase es: yo pude, yo puedo y yo podré”.
Fernanda hace un relato muy crudo de su vida, pero con final feliz. La resiliencia, la valentía para romper las paredes del encierro y el acompañamiento familiar la sacaron de un pozo en el que veía todo oscuro. Hoy, señala, no tiene problemas en hablar con quienes atraviesan una situación similar y quieren escuchar su relato y la manera en la que logró salir adelante, como en las maratones con la mirada hacia adelante, de un paso a la vez.











