Por: José Cioffi
Periodista especializado en temas internacionales
El 9 de noviembre de 2019 se cumplen 30 años de un hito histórico que constituyó un antes y después en la manera de ver el mundo: la caída del Muro del Berlín.
Su derrumbe, piedra por piedra, es el símbolo del fin de la llamada Guerra Fría que mantenían Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, desde los inicios de los tiempos de postguerra, marcando a su vez el fin del mundo bipolar.
La caída del muro más famoso y la unificación de las dos Alemanias (la Occidental bajo el control de la OTAN y la República Democrática Alemana, en manos de la Unión Soviética) cambió el plano de fuerzas en el Viejo Continente y permitió la consolidación de la que hoy es la principal potencia económica europea.
Como efecto dominó de lo que se había gestado, entre marzo de 1990 y diciembre de 1991, quince repúblicas se independizaron de la Unión Soviética provocando un vertiginoso cambio geográfico, social, político y económico.
A todo esto, hubo un personaje clave en el marco de estos cambios estructurales: el ex presidente soviético Mijail Gorbachov, que inició un proceso de reformas dentro de su país a partir de la llamada Perestroika (Reestructuración) y Glasnot (Transparencia) propiciando una mayor apertura política y acercamiento a Occidente.
Una nueva Europa comenzaba entonces a construirse. La división política de los mapas ya sería otra a partir del desmembramiento del gigante soviético. Comenzaba otra Geopolítica y otra manera de leer las relaciones internacionales.








