Cabañas Los Espejos, un oasis de naturaleza para los que eligen hacer turismo en la ciudad

Horacio Beltrán y Laura Sánchez encontraron eEn Trenque Lauquen el lugar que siempre soñaron.

Laura Sánchez y Horacio Beltrán conocieron a Trenque Lauquen casi sin querer, pero fue amor a primera vista. Abrazaron a la ciudad y la convirtieron su lugar en el mundo, donde se mudaron e invirtieron en la construcción del complejo de cabañas Los Espejos.
«Me asombré que al mediodía no había casi dónde comer. Una señora me dijo: este pueblo es muy familiero, recién abren a la noche, al mediodía es para las familias». Esa imagen me quedó para siempre recuerda hoy Laura sobre su primera visita.
Laura llegó por primera vez a esta ciudad en 2010. Junto a su marido, Horacio Beltrán, recorrían el país buscando exactamente eso: un lugar tranquilo donde anclar los últimos capítulos de una vida activa e intensa, construida desde abajo y a fuerza de perseverancia. En 2012 compraron un terreno en el loteo que se había abierto el año anterior. Lo que vino después fue, como casi todo en la vida: una suma de esfuerzo, intuición y amor por lo que hacen.
El nombre del complejo no es azaroso. Los Espejos es un homenaje genuino al oficio que durante cuatro décadas y media sostuvo a la familia. Laura empezó hace 46 años como vendedora ambulante. Después aprendió a soldar para enmarcar espejos en hierro. Con el tiempo pasó a la madera, luego al PVC, y hoy innova incorporando iluminación LED a sus productos. «Uno se va reinventando —dice— porque el mercado se vuelve competitivo y si no te reinventás, te quedás».
Horacio, por su parte, recorrió varios oficios: taxi, remís, colectivo, venta de ropa por mayor, mueblería y finalmente un kiosco grande, de 24 horas, en San Miguel. Cuando Laura lo convenció de cerrar y venir a Trenque Lauquen, lo hizo sin dudarlo. Ambos comparten una filosofía de vida que se resume en una frase que Laura repite con convicción: «No llega el inteligente, sino el que persevera».
«Trenque Lauquen es esa añoranza de Buenos Aires que tenemos: ese Buenos Aires de 40 años atrás que ya no va a volver. Donde podés contar con un vecino, con un hospital, donde la gente se habla, se comunica, te escucha.»
CUATRO CABAÑAS, MÁS DE CIEN ANIMALES
El complejo ocupa media hectárea en las afueras de la ciudad. Hay cuatro cabañas: una para cuatro personas, dos para seis y una para ocho, con capacidad que en ocasiones se estira con colchones extra para quien pide quedarse. Pero lo que más llama la atención al visitante no son los metros cuadrados sino la densidad de vida que hay en el predio: pavos reales, llamas, carpinchos, tortugas, un búho, un caballo, gallinas, peces. Más de cien animales en total.
«Para nosotros no es un trabajo. Lo hacemos de forma natural”. El método que usaron para amueblar y equipar cada cabaña es tan simple como efectivo: vivieron en cada una antes de alquilarla. «Fuimos viviendo en cada cabaña que se hacía a propósito para ver lo que faltaba. Así que hay desde una aguja hasta un secador de pelo. Te podés olvidar las cosas porque acá se van a encontrar».
Las comodidades incluyen dos piletas, parrilla individual en cada cabaña, horno de barro, salamandra, disco de arado disponible, cancha de fútbol, cable y WiFi. Hay también un sector de juegos pensado no solo para que los niños jueguen sino para que los adultos puedan observarlos desde un espacio cómodo. «Que la gente no solo disfrute a los niños, sino que ellos también disfruten», señala Laura.
La clientela de Los Espejos no se armó de un día para el otro. Horacio y Laura fueron selectivos desde el principio. Buscaron —y encontraron— un perfil de visitante familiar, respetuoso, que viniera a descansar de verdad. «Vos podés venir acá y tus chicos jamás van a ver a alguien con un vaso de alcohol en el parque o haciendo escándalos», dice Horacio con orgullo. El resultado es un boca a boca sostenido que fue llenando las cabañas temporada tras temporada.
Hay familias que vienen de Buenos Aires, alojan a sus hijos en el complejo y van a trabajar durante el día. «Yo era la abuela —recuerda Laura con una sonrisa—. Ellos se iban, me dejaban los niños acá, los chicos jugaban conmigo, hacíamos cositas, participaban. Así se iban de vacaciones sin gastar en combustible». Y cuando subían las fotos, sus amigos les preguntaban dónde estaban, maravillados por el entorno.
También hay pescadores que llegan solos, descubren el lugar y vuelven con la familia. Y hay quienes usan el complejo como base para explorar la ciudad y sus alrededores. «No quiero vender solo mi cabaña —dice Laura—. Quiero que la gente entienda que Trenque Lauquen es hermoso. Que hay teatro, hospital, parques, lagunas. Que no están en el fin del mundo» como muchos piensan cuando salen de Bs. As.
Horacio cerró su kiosco de 24 horas en San Miguel y se instaló en Trenque Lauquen. Laura sigue viajando entre las dos ciudades porque su fábrica de espejos continúa funcionando. «Voy y vengo —dice—. Tengo esa adicción: me gusta estar activa». La jubilación, para ella, no es un retiro sino una reinvención. El complejo de cabañas es su forma de seguir siendo productiva sin depender del Estado. «Nunca pedí una caja de pan, nunca pedí nada», afirma.
No piensan agregar más cabañas. «Sería quitarle privacidad a la gente», explica Laura. Podrían hacer diez cabañas en media hectárea. Optaron por cuatro, con espacio, árboles y animales entre medio. La lógica comercial cede ante la lógica del bien vivir. Sobre los 100 animales cabe aclarar que tienen una oveja, llamas, tres perros, gallinas, gansos, pájaros.
Cuando Laura llega de Buenos Aires y dobla en la esquina, Horacio ya la espera en la puerta. Los perros corren desde adentro del predio. Para ellos este es su oasis «asegúrenme que enfrente no va a venir a vivir nadie, quiero que me moleste la naturaleza», cuenta que le pidió a la inmobiliaria cuando compraron el terreno. En Los Espejos, la naturaleza molesta justo lo necesario.

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