Martín Trípodi: «El gran objetivo de un club es que no haya chicos en la calle»

El presidente de Las Guasquitas, habla del esfuerzo de sostener una institución chica en tiempos difíciles.

Que las instalaciones del club estén llenas de chicos, ese es el anhelo de cualquier dirigente de club en Trenque Lauquen. Que los pibes usen la ropa, que tengan sentido de pertenencia, que transmitan valores de solidaridad y trabajo colectivo. En eso andan todos, con mayor o menor dificultades, con más o menos presupuesto, pero en el fondo siempre están los chicos de Trenque Lauquen como principal objetivo.
Martín Trípodi es el presidente del Club Las Guasquitas y otro integrante de una generación joven que se hizo cargo de los clubes locales. Dejó el fútbol pero no pudo dejar el club, su gente y el día a día para sostener una institución chica que sólo tiene la actividad futbolera pero quiere crecer.
Trípodi llegó al club en 2019, invitado por amigos que ya jugaban ahí. Formado futbolísticamente en Barrio Alegre, se terminó enamorando de «la gente y el día a día» de Las Guasquitas hasta convertirse, con el tiempo, en su presidente. Dejó de jugar el año pasado —era delantero, de esos que «desbordan por la banda»— y hoy reparte su tiempo entre la gestión institucional y el vínculo cercano con el cuerpo técnico y los jugadores.
En la categoría mayor, admite, la campaña viene siendo errática: «No damos con la fórmula y se nos cerró el arco». Pero rápidamente aclara que el resultado deportivo no es, ni de cerca, la vara con la que mide el trabajo del club. Lo que más lo moviliza está en las divisiones inferiores: «Logramos completar todas las categorías, que antes era complicado. Y ahora presentamos todas, incluido el fútbol femenino, que además salió campeón el fin de semana pasado».
Detrás de ese logro hay una comisión dividida en tareas, con nombres propios que Trípodi no duda en mencionar: Anto y Chelo, Marcos y Edu al frente de infantiles e inferiores, los profesores Martín, Enzo y Santino sosteniendo el trabajo diario. Entre todas las categorías, calcula, pasan por el club entre 300 y 400 personas, solamente para practicar fútbol.
SOSTENER UN CLUB CHICO
La charla vuelve una y otra vez sobre un mismo eje: cómo se sostiene económicamente una institución que no tiene socios, ni un plantel de empleados, y que depende casi por completo del trabajo voluntario. «Estos últimos dos años fueron bravísimos. La luz se fue muy arriba, los árbitros y la policía cobran cada vez más, y las entradas no alcanzan para sostener los gastos», detalla.
El alquiler de la vieja sede social, algunas publicidades de sponsors y las entradas son las principales fuentes de ingreso. A eso se suma lo que Trípodi llama «el aporte de nosotros»: tiempo, gestión y, cuando se puede, también un aporte económico. Todos los meses intentan además alguna actividad para juntar fondos: la última fue una rifa de apoyos que vendió 260 unidades. «La gente, cada vez que vamos y molestamos con una rifa, está y te ayuda», reconoce.
Conseguir socios estables es, dice, una de las asignaturas pendientes y uno de los próximos objetivos institucionales. Lo más difícil de conseguir, aclara, no es tanto el dinero: «Lo difícil es el tiempo de la gente. En este momento de la economía cada uno está enfocado en lo suyo, y es lógico. Pero necesitás gente que tenga tiempo para dar la copa de leche, para estar en el entrenamiento, para cortar el pasto, para pintar la cancha».
LA FUNCIÓN SOCIAL
Para Trípodi, esa tensión económica no cambia la razón de ser del club. «El objetivo es ser la segunda casa de muchos chicos que salen de la escuela y van para allá, capaz que pasan más horas en el club que en la casa. Es contenerlos y aportarles lo que más podamos, desde donde podamos». Y lo dice sin vueltas: «El gran objetivo de todos los clubes es que no haya chicos en la calle. Después te puede ir mejor o peor deportivamente, pero eso es lo que importa».
Es un objetivo que, sostiene, sí se está cumpliendo. Los profesores del club, cuenta, no solo trabajan lo deportivo: están atentos a cómo les va a los chicos en la escuela, a si tienen algún problema en la casa, a estar cerca cuando hace falta.
IDENTIDAD, CAMISETAS Y REDES SOCIALES
En una ciudad con muchos clubes —y por lo tanto, con el público repartido entre distintas disciplinas como el hockey, el básquet o el handball, que le restan protagonismo al fútbol de clubes de barrio— Trípodi valora que todavía exista sentido de pertenencia: «Se ve mucha gente en la calle con las camisetas de Las Guasquitas, de Monumental, de Ferro. Está bueno que haya esa rivalidad sana». Parte de ese arraigo, admite, tiene que ver con una decisión reciente de cuidar más la estética de la indumentaria: «Antes no se le daba tanta atención a eso. Si la camiseta es linda y de buena calidad, los chicos la usan».
El club también fue pionero puertas adentro en el trabajo de redes sociales, algo que Trípodi impulsó apenas asumió la presidencia y que, dice con orgullo, terminó marcando una tendencia que después siguieron otras instituciones de la ciudad.
EL SUEÑO, SIMPLE Y COMPARTIDO
Consultado sobre el sueño a futuro del club, Trípodi no elige agrandar el discurso: «El principal objetivo es salir campeón. Y que el club siga creciendo, que los chicos elijan venir, hacer las inferiores, las infantiles, y tengan sentido de pertenencia». Sobre relevar la presidencia algún día, no tiene dudas de que el recambio generacional es sano: «El tiempo pasa para todos. Hay que dejar que los jóvenes, que tienen otra visión, sigan apoyándose en la experiencia de los más grandes».
Al cierre de la charla, cuando se le pregunta por qué lo hace —por qué sostener, con tan pocos recursos, un club chico en una ciudad de tantos clubes— Trípodi no encuentra una respuesta demasiado elaborada, y tal vez ahí esté la clave de todo: «Porque me gusta, y no sé. Es inexplicable la pasión».

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