Ricardo Paso es abogado, expresidente del Colegio de Abogados y especialista en municipalismo y derecho administrativo. Alejado por el momento de la actividad pública y de la política partidaria, aceptó repasar en una entrevista con FM Tiempo 91.5 el estado de la relación entre Nación, provincia y municipios, y por qué considera que estos últimos son, pese a sus escasos recursos, «el motor de toda la economía del país».
— Se repite mucho, incluso entre intendentes de distintos signos políticos, que los municipios tienen cada vez más funciones y menos recursos. ¿Es así?
-Es así, y esto viene de antaño. A los municipios se los conocía como los del «ABL»: barrido, limpieza y alumbrado. Cobraban la tasa vial, tenían algún pequeño hospital y algún asilo, y poco más. Eran funciones que podían cumplirse con muy poco presupuesto.
— ¿Cuándo se produjo ese quiebre?
-En Estados Unidos ocurrió en la década del 80, con Reagan como presidente, y lo denunció Chomsky: hubo un achicamiento del Estado nacional que trasladó buena parte de las actividades a los estados locales, y estos a su vez a las comunas. La diferencia es que allá, en gran parte, esas actividades delegadas fueron acompañadas de los recursos correspondientes. Acá, con la reforma de los años 90 -yo prefiero llamarla conservadora antes que liberal-, cuando se trasladó la educación y otras actividades a las provincias, no se transfirieron los recursos necesarios. Y la provincia, a su vez, delegó gran parte de esos problemas a los municipios. El municipio es el último eslabón, el que termina recibiendo todos los reclamos.
— En el Gran Buenos Aires hubo, en esos años, un paliativo a través de un plan del Banco Mundial. ¿Qué pasó en el interior?
-En el interior tuvieron que resolver la cuestión con los elementos que tenían, con mucha habilidad e inteligencia, como ocurrió en municipios como Pirovano, Trenque Lauquen, Tres Arroyos, Tandil y muchos otros, donde los intendentes tuvieron que hacer magia para resolver, sobre todo, las cuestiones sociales.
— Hay países en el que el sistema tributario es inverso, es decir recaudan desde el Municipaio y coparticipan hacia arriba.
-Hay países donde la recaudación neta que ingresa al Estado municipal llega a un 30-35%, algo que no ocurre en Latinoamérica. En Estados Unidos, en algunos estados, el IVA lo cobra directamente el municipio. Lo que sí he visto es que en la gran mayoría de los países del mundo, al menos un 15% de todo lo que recauda el Estado va al municipio. Uno de los pocos países donde eso no ocurre es la Argentina.
— Usted mencionó, en una presentación reciente, una cifra sorprendente: la estructura tributaria argentina reparte 80% para la Nación, 17% para la provincia y apenas 3% para el municipio.
-Ese número lo dio a conocer José María Hernández y lo denunció ante la Corte Suprema cuando participó como colaborador de la Justicia en el juicio contra la Municipalidad de Quilmes. Quedó grabado en YouTube, pero muy poca gente se enteró y ahí terminó, murió. Son datos estadísticos del año 2011.
— En zonas rurales como esta, esa cuenta se hace muy fácil de comprobar.
-Claro. Uno pregunta cuánto se llevan de retenciones al campo la Nación, y la respuesta es: todo. ¿Qué queda para la provincia y el municipio? Nada. Son muchos más millones de los que puede recaudar la provincia por el impuesto inmobiliario o el municipio por sus tasas. Y ahí hay otra diferencia clave: las tasas municipales exigen una contraprestación, un costo real, porque si no se demuestra que ese ingreso está afectado a prestar el servicio, la Justicia lo declara inconstitucional. El Estado nacional, en cambio, no presta nada a cambio de manera inmediata.
— ¿Hay otros ejemplos de esa asimetría en la coparticipación?
-En materia vial, por ejemplo, existen ingresos del Estado nacional que no son coparticipables porque son un invento de la Nación o de los legisladores nacionales, como el fideicomiso creado en torno al combustible, que administra la Nación pero no comparte ni con la provincia ni con los municipios. El vocero presidencial anterior cuestionaba a los municipios que cobraban tasas al combustible, cuando la Nación hacía exactamente lo mismo pero con el agravante de que no prestaba el servicio: basta ver el estado de la Ruta 5 o la Ruta 33 para darse cuenta de que esos fondos no van al mejoramiento de las rutas. La Nación se queda con el 80% y aun así nunca le alcanza la plata.
— ¿Cómo impacta hoy el impuesto al combustible en la economía cotidiana?
-Durante el gobierno anterior representaba unos 80 centavos de dólar por litro; hoy está cerca de dos dólares. El Estado nacional se lleva un porcentaje cercano al 50% de esa recaudación, y de eso, gran parte no coparticipa a los municipios. En algunos casos, en vez de coparticiparlo a las provincias, ese dinero se destinó a los jubilados, en un acto que en cierta medida es de demagogia.
— Con apenas el 3% de la masa tributaria, ¿qué margen real tienen los municipios para resolver las demandas de los vecinos -viviendas, salud, calles, alumbrado-?
-Uno piensa que lo ideal sería que el municipio resuelva infraestructura, cloacas, agua, pavimento, incluso salud -acá en Trenque Lauquen tenemos un sistema de salud que es ejemplo en la región-, pero para eso se necesita dinero. Ni siquiera estamos en las condiciones de los años 90, cuando al menos había acceso al financiamiento. Hoy no existen préstamos para que un municipio encare las cloacas o el agua, ni existe la posibilidad de afectar ingresos municipales porque directamente no alcanzan.
— Ante ese escenario adverso, ¿cuál sería su propuesta?
– Creo que la asociación de municipios ayuda mucho a resolver algunos problemas, aunque no todos. Y el sistema inverso de cobro de impuestos me parece el ideal: hubo una prueba en la provincia de Buenos Aires, durante el gobierno de Duhalde, en la que los municipios percibían el impuesto inmobiliario rural y coparticipaban hacia arriba, con muy buenos resultados. Pero no se avanzó más por temor a que los municipios del Gran Buenos Aires dejaran de participar en la provincia. Un miedo político terminó frustrando una idea que podría haber sido una gran posibilidad para el país.
Seguimos aplicando las mismas políticas, una vez para la derecha y otra para la izquierda, sin modificar la estructura del Estado. Hace 40 años estamos hablando de lo mismo, dando las mismas vueltas, y mientras tanto los municipios se empobrecen cada vez más: hay lugares donde cuesta pagar el aguinaldo, los hospitales están en un estado calamitoso, y la gente termina buscando atención en Trenque Lauquen, en Junín o en otros centros.
— En nuestra región tuvimos experiencias de asociación intermunicipal.
-Hubo una a principios de los 2000, el Codenoba, que abarcaba la Ruta 5 pero agrupaba realidades muy distintas entre sí, como Chivilcoy y Trenque Lauquen. Y una más reciente, impulsada por Sergio Buil. Se trabajó mucho, por ejemplo, en el tratamiento de residuos orgánicos peligrosos, pensando que un municipio tuviera una actividad y otro, otra -Trenque Lauquen iba a tener el horno-. Lamentablemente no llegó a buen término, posiblemente por razones económicas, y cuando estos ensayos fracasan, se termina pensando que el fracaso es del sistema. Yo creo que no es así.
— Usted también señala un problema de fondo con la superposición de regiones dentro de la provincia.
-Tenemos una región judicial, una sanitaria, una policial, una educativa y una sección electoral, y ninguna coincide con la otra. Deberíamos empezar a unificar esos criterios. No puede ser que todo el departamento judicial de Trenque Lauquen no tenga un sistema de salud regional que permita resolver las derivaciones dentro de la propia región, en lugar de derivar, como antes, a un hospital como el de Pehuajó, que hoy no está en condiciones de absorber nada. Falta una política estratégica de fondo que piense la región como región, sin que un distrito se beneficie más que otro.
— ¿Por qué nunca prosperó la autonomía municipal, un reclamo histórico?
-Creo que por dos razones: el centralismo, que en este país siempre dominó todo, y el miedo de muchos intendentes a perder la posibilidad de golpear la puerta y que les den algo. En esto deberían ponerse los pantalones largos. Nosotros, en Trenque Lauquen, fuimos los iniciadores: en 2012 presentamos el primer proyecto para llamar a una elección sobre la autonomía municipal. Fue vetado por el intendente de entonces (Raúl Feito). En 2015 lo intentamos de nuevo, se promulgó (Miguel Fernández), pero el plebiscito nunca se llevó adelante. Y ahí murió. Dejar en letra muerta una autonomía que ni siquiera reconoce la Constitución Nacional es una lástima y la pérdida de una posibilidad.
— ¿Ve hoy algún intendente dispuesto a insistir con ese reclamo?
-Felicito al intendente de Castelli, que se animó y llegó hasta la Corte Suprema, que por cuestiones formales rechazó el planteo, pero insisten. Evidentemente están convencidos, y eso es lo que hace falta: el convencimiento de que la autonomía municipal mejorará la vida de los ciudadanos, al menos en el partido donde viven.
— Para cerrar, ¿qué le diría a quienes creen que estos son temas de especialistas, alejados de las preocupaciones cotidianas de la gente?
-Son los que hay que resolver. Si a los municipios como los nuestros se les dieran las herramientas necesarias, se resolverían un montón de cuestiones. Y además se generaría algo que me parece natural: la competencia entre municipios por demostrar quién tiene la mejor administración, lo que sería un motor económico de desarrollo.

Ricardo Paso: «Los municipios se quedan apenas con el 3% de lo que recauda el Estado»
El abogado analizó el histórico desfinanciamiento de los municipios del interior bonaerense y planteó la asociación de comunas y la autonomía municipal como caminos posibles para revertirlo.

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