Un día en la vida de Agustín Arneodo puede ser en Dubai, en Roma, en Trenque Lauquen o tirándose de un paracaídas en algún rincón del planeta. Es que lo largo de sus apenas 35 años realizó una serie de actividades poco convencionales que lo llevan a sentenciar sin dudas que la suya no es una vida aburrida.
Agustín no es nativo de Trenque Lauquen, aunque sí se siente como tal. En realidad, no es de aquí, ni es de allá. En síntesis: nació en Mendoza, pero vivió en Córdoba. De chico su familia se mudó al sur de Italia, en su adolescencia se instaló en La Plata, luego viajó a Cuba, Dubai y se radicó en Trenque Lauquen.
¿Cómo hizo eso? Parte de la explicación radica en que su padre era piloto de avión y por su trabajo fue mudando lugares de residencia. “La de Trenque Lauquen es mi mudanza número 15” dice y se ríe durante una entrevista con FM Tiempo.
“Mis padres son cordobeses pero nací en Mendoza junto a mi hermano mellizo Joaquín”. La familia se mudó a Italia donde vivió varios años, luego regresaron a La Plata para que los hijos puedan ingresar a la Universidad en nuestro país, pero lo suyo no eran las aulas. “Me anoté en odontología aunque no terminé y de manera paralela empecé fotografía y esa es mi pasión”.
Con unos ahorros se fue unos días a Cuba para conocer la historia de la Isla y allí su vida dio un giro de 180 grados. En resumen, fue fotógrafo de un casamiento cubano donde conoció al propietario de un delfinario en Dubai y le ofreció trabajo en el exótico país del mundo árabe y agarró viaje.
“Cuando vuelvo de vacaciones tenía una propuesta laboral. Mi padre vivía ya en Emiratos Árabes y eso fue clave para que aceptara”.
Dubai “es otro mundo, muy extravagante y muy interesante para el turismo porque es un desierto con mucho dinero invertido, pero si sacas el turismo no tiene mucho, porque el habitante vive solo para el turismo. Todo es pago porque todo está pensado para sacar dinero del turismo. Es un país árabe más abierto que el resto porque está pensado para recibir a personas de occidente”.
En Dubai fue a trabajar a un lugar de espectáculos con delfines “no sabía nada, tuve que aprender rápido. Era el primero en llegar y el último en irme, entrenarme y capacitarme para ser parte del equipo”. Allí vivió 3 años. Los dos primeros en soledad y el último junto a su pareja que había conocido en La Plata, la trenquelauquense Mariana Gómez.
DE DUBAI A TRENQUE LAUQUEN
El mundo árabe no era una opción para el plan familiar y volaron a La Plata donde la historia de amor había comenzado. Agustín tomó un empleo en una farmacia de la familia y Mariana trabaja de su profesión de profesora. Pero llegó la pandemia, con dos hijos: Benjamín y Luna, la segunda recién nacida. La emergencia sanitaria hizo rever los planes y apuntar al interior, la vida de pueblo más tranquila y en el radar apareció Trenque Lauquen.
“Decidimos venirnos aquí, cuando llegamos estaba todo cerrado con montículos de tierra y no nos dejaron entrar, nos prestaron una quinta por 15 días hasta que pudimos ingresar a la ciudad”. A la ciudad sólo había venido de visita a pasar las fiestas “veía a los chicos en bicicletas y nos gustó mucho el ritmo de vida, le encontramos cosas que nos atraparon y yo hago mucha propaganda a la ciudad”. Aunque tiene varios cambios de domicilios en el DNI hoy se siente trenquelauquense.
Una manera de relacionarse en sociedad fue el deporte. “Hacía paracaidismo y me junté con un grupo de amigos que hacen parapente vuelo libre, sin motor descubrí esa pasión Beatriz y Carlitos son mis mentores aquí y estoy muy entusiasmado y me da más satisfacciones que el paracaidismo”.
En Trenque Lauquen, sin trabajo, decidió invertir en un comercio junto a un amigo Santiago Bassino, pusieron una verdulería “no teníamos idea del rubro pero lo hicimos para aprender a emprender”. Sin embargo, su espíritu inquieto no podía estar encapsulado varias horas en un local comercial así que tras dos años llamó a Ricky Viñas de la agencia de turismo. Le contó que su pasaporte tiene varios sellos, que habla varios idiomas y que no puede estar mucho tiempo sentado, era el mejor currículum posible para el rubro turístico. “Me dieron la posibilidad de realizar recorridos y viajes que estamos programando”.
Todo coincidió con el nuevo impulso al turismo “la pandemia nos trajo la idea de por qué dejar las cosas para mañana si te pueden encerrar dos años o te agarra un virus y te podes morir entonces el turismo es una opción que la gente adopta con entusiasmo e invierte en su bienestar”.
Siempre tiene una valija en la mano. Vuela a Sudamérica, el caribe, Europa y parte de África, como coordinador de viajes. “Desde afuera todos lo ven como el trabajo perfecto, más allá que no disfruta mucho de conocer y viajar, la parte negativa es que tengo familia y pasas muchos días fuera de tu casa. Por suerte, Ricky me cuida mucho porque sabe que tengo familia y puedo acomodar mis horarios”.
Estudió fotografía y video entonces además hace material audiovisual de turismo y es contrato por empresas locales para hacer publicidades y otros productos para redes.
“Trato de no encasillarme para mirar el futuro porque mi vida fue cambiando todo el tiempo, entonces no sé qué podría decir del futuro, el turismo siento que hoy es lo que mejor se adapta a lo que es mi vida. Esta fue mi mudanza número 15 y me gustaría quedarme unos años más. No siento que haya algo que me falta hacer. Siempre pienso `que la vida te sorprenda`, hoy el turismo es lo mío y siento que es para rato”.
Vivió en Europa y en Dubai, entrenó delfines y ahora se dedica al turismo: las mil vidas de Agustín Arneodo
Un día en la vida de Agustín Arneodo puede ser en Dubai, en Roma, en Trenque Lauquen o tirándose de un paracaídas en algún rincón del planeta.

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