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Postales de la ciudad: la esquina de Garbarino Hermanos

El libro Historia y Progreso ubica a la década del 50 como la que permitió a Trenque Lauquen mostrarse en la vidriera nacional a instancias de la radicación y emprendimientos de grandes industrias que vendían a  lo largo y a lo ancho de la geografía nacional, y según la profesora Haydeé Merino, citada en ese libro, la industria metal mecánica fue la más importante y la que lideraba ese lote era “Garbarino Hermanos”, ubicada en la esquina de Presidente Uriburu y Mitre.

Hoy es una vieja mole de ladrillos gastados que miran a la ciudad desde el lugar pudo ser, pero no fue. En ese sitio se fabricaban molinos para el campo y hasta cosechadoras con motor. Empleaban a más de 100 personas y eran una potencia para el interior bonaerense, pero las desventuras de la economía doméstica hicieron sucumbir el sueño de una familia y a mediados de los 60 bajó las persianas para siempre.

Pero la historia de Garbarino Hermanos nació mucho antes que en la década del 50 como señala el libro Historia y Progreso, y mucho más lejos de la esquina de Presidente Uriburu y Mitre. Para conocer más sobre esto, desde Oeste BA hacemos sonar el teléfono de Carlos Garbarino, ex concejal y ex intendente interino, un profesional de la construcción muy emparentado con la historia de Trenque Lauquen y con la fábrica, en la que su padre tuvo una participación en el último tiempo de la misma.

Los Garbarino no son originarios de Trenque Lauquen. Don Alfredo Ismael Garbarino, el abuelo de Carlos, nació en Buenos Aires. Fue hijo de madre soltera pero su padre le dio el apellido, como se decía en aquel entonces, y gracias a sus vínculos con la familia del General Julio Roca, le pagó sus estudios y lo envió luego a la zona de Guaminí, a la estancia La Larga, donde se formó en el oficio rural y a los 20 años asumió como encargado en la estancia El Maizal de la familia Lanusse en Berutti, partido de Trenque Lauquen, donde se casó.

Una vez casado Alfredo Ismael se radicó en Trenque Lauquen y puso una Almacén de Ramos Generales en la esquina de Presidente Uriburu y Alsina. Tuvo 4 hijos: Ismael, Marcelo, María del Carmen y Jorge Osvaldo (el padre de Carlos), éste último con mucha diferencia de edad con sus hermanos mayores, de ahí que su participación es menor y en la última etapa de la fábrica.

Los hijos cursaron estudios en la Escuela de Artes y Oficios, que luego se llamó Escuela Técnica o ENET y una vez concluidos los estudios abrieron una herrería que creció y pasó a convertirse en un taller, que creció y se transformó en una fundición, que luego pasó a ser una fábrica de molinos y luego de cosechadoras, y de ser un emprendimiento familiar pasó a ser una de las fábricas más importantes en la historia del distrito y un nombre propio en la industria metalúrgica en todo el interior.

El padre de Carlos Garbarino ingresó en la etapa final de la fábrica por la diferencia de edad con sus hermanos. También cursó en la ex ENET pero al término del ciclo básico decidió culminar sus estudios en una escuela militar donde se recibió como suboficial y cumplió funciones en el ejército hasta que recaló en Trenque Lauquen. Aquí, mi amigo Paco Aznárez me suma un dato que aún no me explico cómo lo desconocía. Jorge Osvaldo fue un técnico electrónico de excelencia, fue el primer técnico de LU 11 Radio Emisora del Oeste y fue “el primero en captar imagen de TV por aire cuando hacer eso era toda una hazaña” me dice Aznárez, autor de los libros “El Viejo Trenque Lauquen” y “La Yapa”.

Pero no sólo eso, Aznárez me dice que el taller de Arzac y Rodríguez en Alsina y Dorrego también era una potencia metalúrgica y la empresa Ollantay en la calle Cuello completaban un lote de industrias que hicieron grande a Trenque Lauquen en aquel entonces.

El libro Historia y Progreso recuerda así a esa fábrica Garbarino Hermanos “la actividad principal era la fundición de hierro. Cocinas, bombas, arados, cosechadoras, repuestos para máquinas agrícolas y la marca registrada Guanaco para sus molinos eran parte de su importante producción”. La empresa llegó a tener dos manzanas con sus talleres trabajando a todo vapor.

Pero los vaivenes económicos hicieron mella en la faceta financiera. A mediados de la década del 60 el dólar se metió en el subibaja, unos motores de cosechadoras quedaron retenidos en la aduana, y la plata un día no alcanzó. Una historia que no es extraña para la industria nacional terminó con Garbarino Hermanos.

En ese edificio funcionó luego una fábrica de campanas de automotores y una fundición, y luego el humo de las chimeneas de a poco se fue apagando como el sueño de los Garbarino. Finalmente el Instituto Miguel Di Gerónimo compró el inmueble para ampliar sus instalaciones, una tarea que aún está en marcha. La fachada, en cambio, con paredones altos y ladrillos gastados, nos recuerda un proyecto de industria local que cobijó a cientos de familias y que de un día para otro pasó a engrosar la lista de las esquinas con historia en la ciudad.

 

Agradecimientos por facilitar información a Carlos Garbarino, Paco Aznárez e Inés Maya.