-Mirá, justo me llegó la invitación para participar de este congreso en Inglaterra, dice el Dr. Marcelo Bassino, mientras abre un sobre con la convocatoria. A los 60 años intercala vuelos trasatlánticos con kilómetros de ruta para realizar y difundir una práctica quirúrgica novedosa en nuestro país que salva vidas y de la que sólo media docena de médicos la llevan adelante. A pesar del esfuerzo de ir de aquí para allá, remarca que el consultorio sigue abierto y que atiende hasta los sábados para no dejar a sus pacientes sin la atención.
Bassino no necesita mucha presentación para nuestra comunidad. Es un médico destacado, respetado por pacientes y por sus pares. Que siente el reconocimiento de la comunidad y que es una mano solidaria para muchos aunque de eso no hablará en esta entrevista periodística que convocamos para hablar sobre por qué está tan activo.
A sus 60 años, con 36 de trayectoria profesional, el cardiólogo mantiene una agenda intensa. Viaja para participar en procedimientos de alta complejidad, se capacita en el país y en el exterior, comparte experiencias con colegas y sigue atendiendo en Trenque Lauquen con la misma dedicación de siempre. Algunos sábados trabaja mañana y tarde; hay jornadas que se extienden hasta las nueve de la noche.
Pero cuando se le pregunta si no se cansa, responde con una naturalidad que explica bastante de su manera de entender la medicina.
—Esto no me cansa. Es lo que me gusta.
-Te veo en una etapa profesional muy activa, ¿no?
-Sí, de verdad. Es una etapa activa de la vida en general, porque en lo profesional hago lo que me gusta. Dejé de hacer las cosas que ya me pesaban y me dedico exclusivamente a lo que disfruto, que es atender muchos consultorios. Ahora viajo un montón y no bajé la cantidad de gente que atiendo acá en Trenque Lauquen. Eso implica trabajar los sábados de mañana y de tarde, y algunos días hasta las 9 de la noche. Pero es lo que me gusta y no me cansa.
-¿Qué es lo que más te gusta del consultorio?
-El contacto con la gente. Creo que lo hago bien, y poder darle una mano a la gente y que ocurran cosas. Esas son las cosas por las que elegí ser médico, para tratar de lograr un cambio en el otro, para ayudarlo.
-Con 36 años de profesión y cierta estabilidad económica, uno suele querer bajar el ritmo. Vos hacés lo contrario, trabajás el doble. ¿Cómo lo vivís?
-Puede ser, pero tampoco está mal. Yo me sentiría mal si no lo hiciera. Me hace bien, y lo haré hasta que Dios diga, o hasta que tenga ganas. Si fuera un sacrificio, no. Es algo lindo, sobre todo compartir con los colegas. Vivimos en una región donde, en nuestra especialidad, la cardiología, todos están muy bien formados y hacen las cosas bien. No hay grandes diferencias en la atención de un profesional a otro. La ciudad está muy contenida desde el Hospital, y pronto el sanatorio va a abrir estructuras nuevas. Creo que en general vamos para adelante, y ojalá eso inspire a otros.
-Hablábamos recién de lo que hizo el Círculo Médico…
-Sí. Al Círculo Médico le sobró plata, se planteó en asamblea si se repartía o no, y finalmente se puso en el centro de radioterapia, que costó alrededor de un millón de dólares. Después está lo que desarrollamos los cardiólogos en el hospital, y lo que hacen los urólogos, los gastroenterólogos y los ginecólogos, con cosas de avanzada. Somos un poco punta de lanza en la región.
CAPACITARSE SEGUIR APRENDIENDO
-¿Y qué es eso que publicás tanto en redes? Intervenciones, capacitaciones.
-Nadie entiende nada, pero bueno (risas). Lo que subo es en la cuenta del consultorio. Con un grupo de no más de 6 o 7 personas en el país hacemos reparaciones «borde a borde» de válvulas cardíacas, mitral o tricúspide. Es un método que se desarrolló en Estados Unidos hace unos 15 años. En Argentina lo desarrollaron el doctor Marcelo Agüero y el doctor Walter García en el Instituto de Cardiología de Corrientes, un lugar pionero y digno de ser conocido. Yo lo conocí recién este año y es impresionante, sobre todo por la organización y cómo trabajan.
-¿Y qué quiere decir «borde a borde»?
-Cuando una válvula está dañada, es como si tuvieras que acercar los dos bordes de una pared que se separó. Se hace con un clip, que funciona como una abrochadora: une los bordes y lo soluciona.
-¿Cuál es tu rol en el procedimiento?
-Yo hago la guía ecocardiográfica, que en estos casos es fundamental. Voy guiando, a través de un monitor, al médico hemodinamista que hace el procedimiento: por dónde tiene que ir, cómo va quedando, cómo te parece que queda. La experiencia te va enseñando otras cosas, por ejemplo, cuándo no conviene seguir arreglando aunque se vea bien, porque después va a pasar tal cosa.
Con este procedimiento y por ser muy pocos los que lo hacen en el país, Bassino viaja a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional y del mismo modo a Chile, Uruguay y Perú “además nos mandan a capacitarnos afuera. Este año estuvimos en España y dos veces en Brasil. En noviembre voy a Inglaterra, a Londres, al congreso de válvulas más importante del mundo. El más importante de Latinoamérica fue en Río, donde estuvimos unos 20 días mostrando la experiencia argentina. En Londres será algo parecido”.
-¿Cómo te agarra a los 60 años este nuevo rol de ir y venir?
-No me doy cuenta de que tengo 60, o será hasta que me dé cuenta. Pero estoy bien, sobre todo porque lo hago con tranquilidad. Si tuviera que hacerlo enloquecido, posiblemente no lo haría. Y soy consciente de que mi lugar está acá, en Trenque Lauquen. A raíz de todo esto surgen ofertas laborales. Un compañero nuestro se fue a Uruguay con una muy buena oferta, y a uno de los colegas que estaba empezando con nosotros le ofrecieron irse a Colombia. A mí también me han ofrecido cosas, pero mi lugar está acá, es donde soy feliz y donde desarrollo mi profesión, y uno se siente querido por la gente. Eso es importante.
-Vos unís dos mundos: la tecnología de punta y vanguardia y el consultorio con mucha gente, el jubilado que te espera.
-Sí. Un término que usamos mucho, y que ahora la gente de Buenos Aires, que ya nos conoce, acepta, es el de «cardiología rural». Uno pensaría que lo decimos en broma, pero no. Hacemos algo que el cardiólogo de Buenos Aires no hace: atención primaria. La hacemos en el consultorio, en el hospital y viajando a atender a la zona. Yo lo hago desde hace 35 años. Si alguien está mal, lo vas a ver a su casa. Si un sábado o domingo alguien quiere hablar porque se tiene que operar o no está bien, también hablás con la familia. Eso es lo que me llena. No creo en el ejercicio de la medicina sin poner el lomo. Por eso no me gusta opinar mucho del trabajo de otros, aunque en la medicina es parte del juego. Me gusta ponerme en el lugar del otro, y si el otro se pone la camiseta, se calza la número 5 y labura, me parece lo más respetable.
-Sería algo así como un médico de pueblo, como se lo concibe en el interior.
-Sí, tal cual. A mí me gusta trabajar de médico. Por eso nunca quise ser secretario de salud, concejal, director del hospital ni candidato a intendente, todas propuestas que me hicieron. No me interesan: no estudié medicina para eso, y para esos cargos hay que formarse también. No me haría feliz. A los 60 años lo que quiero es hacer muy bien lo que hago, y creo que le brindo mucho más a la comunidad trabajando como cardiólogo que sentado en el Concejo Deliberante.
-¿Sentís el reconocimiento de la gente?
-Sí, la verdad que sí. Sobre todo cuando estuve mal anímicamente: la gente acá me apoyó muchísimo. Cuando uno está mal y después vuelve a trabajar, se pregunta si alguien irá a verlo. Y la gente volvió. Si te dijera que no me siento querido, te mentiría.
-Yo creo que si hicieran un ranking, estarías entre los médicos más queridos.
– (risas) Hay gente que te puede querer y gente que no, y uno lo entiende. No pretende que lo quiera todo el mundo, porque la medicina tiene muchos matices. A cualquier médico le puede pasar equivocarse o no haber hecho lo que tendría que haber hecho. Lo importante es no cometer dos veces lo mismo, que es una forma de aprender. En el interior, lo importante es sentarse a trabajar con un perfil vinculado a la comunidad. Creo que es muy importante que el médico esté en el interior y trabaje también en la salud pública.
-Hace poco te dieron la medalla por los 30 años de servicio en el Hospital.
-Cuando llegué, en el Hospital empecé de cero. Hacía guardia como médico general, siendo cardiólogo, atendía consultorio de cardiología y hacía guardia pasiva de cardiología. Durante dos años hice casi el 90% de los traslados en ambulancia, cerca de 300. Después, cuando vino el flaco Rizzardi, un gran amigo, le dije que compartiéramos los traslados porque me iba a morir (risas). Tenía 28 años, pero lo hacía con ganas, porque era lo que había en ese momento y uno quería salir adelante. No teníamos un mango. Fui jefe de servicio hasta el 2022, estaba cansado y dije que daba un paso al costado, continúo con un régimen de 12 horas.
Además, Bassino es un reconocido “Pincha”, su fanatismo por Estudiantes lo lleva a formar parte de la Peña local “tratamos de ir a la cancha, y la filial siempre trata de juntar útiles escolares y ropa. Estudiantes es un poco eso: estar cerca de la gente” y dice entre risas que hizo muchos “hinchas” aquí en Trenque Lauquen que hoy siguen al equipo platense.
En el final, no acepta una foto sentado en el consultorio para esta nota y dice que sólo se saca una selfie con el periodista que lo entrevista, que por razones obvias y periodísticas no forma parte de esta publicación así que recurrimos al archivo. Afuera, la sala de espera sigue sumando gente que aguardan por la consulta con el doctor que se define como médico de cardiología rural, de pueblo, el que encontró su lugar en el mundo aquí en Trenque Lauquen.


Marcelo Bassino: “Mi lugar es Trenque Lauquen y siento el cariño de la gente”
Con 36 años de profesión, el cardiólogo combina la atención cotidiana de sus pacientes con procedimientos de alta complejidad que lo llevan a recorrer el país y el mundo.

Otras noticias







